Riesgos del sexting











Cuando la australiana Zoey (nombre ficticio) comenzó en el instituto con 13 años —chica guapa, inteligente y deportista— comenzó también sus primeros flirteos adolescentes. Empezó a enviar SMS a un chico un año mayor que había conocido en verano, y que era uno de los chicos más guays.

Ilustración sexting

Una noche el chico le mandó a Zoey un SMS con una petición inesperada: «Mándame una foto». Zoey le preguntó a qué quería que le tomase la foto. «Quítate la ropa», le contestó. Ella no respondió entonces pero el chico continuó acosándola con sus peticiones justificándose con que «todo el mundo lo hace», «no seas estrecha», etc. hasta que una noche ella entró con el teléfonos en el cuarto de baño de su casa, se desvistió y se sacó una foto de cuello para abajo en el espejo. Unos segundos después dio a Enviar y él tuvo su foto.

Al de unos días ella tuvo el convencimiento de que el chico había compartido la foto: cuando ella pasaba por el comedor escolar notaba la mirada del grupito de amigos del chico. Pronto comenzó a recibir mensajes de otros chicos pidiéndole fotos. Ahora con 15 años Zoey recuerda: «Pasé por el mismo proceso de nuevo con otros dos chicos». «Yo sólo quería hacer amigos y ser popular, y pensaba de verdad que si accedía ellos serían mis amigos.»

Meses después, cuando las sonrisitas en el insituto fueron demasiado para soportar en solitario, Zoey se derrumbó llorando en casa y sus padres lo descubrieron. Se sintieron fracasados al ver que las estrategias con que habían educado a su hija para ser capaz de resistir las manipulaciones de los chicos, habían fallado.

Nina Funnell, investigadora que trabaja en un libro sobre el cortejo entre adolescentes, se ha encontrado con muchos casos como el de Zoey y afirma que muchas de estas niñas acaban siendo etiquetadas de putas una vez que las imágenes se difunden víricamente. Y advierte de que otras chicas son a menudo cómplices en esa retrasmisión del sexting y que hay otras que incluso están orgullosas de producirlo y no comprenden por qué les preocupa a padres y profesores/as. Asegura que es de ingenuos pensar que las chicas sólo envían fotos de sexting presionadas o tan siquiera requeridas por los chicos. Algunas chicas estudian incluso con detalle la elaboración de las fotos, metiendo barriga o resaltando bien sus pechos. Funnel habla de casos de chicos que se han sentido intimidados por recibir en su móvil fotos de chicas que no habían solicitado en absoluto: esto les resulta especialmente molesto a los chicos más jovencitos.

Funnel advierte de que pese a que el término sexting es el usado por los medios, no lo usan los propios chicos [Nota de PantallasAmigas: al menos, en Australia], que simplemente se refieren a las fotos como imágenes sexys, y que a menudo son parte de una secuencia de mensajes para ligar o entre novios, que no tiene relación alguna con el ciberbullying. Esta realidad les resulta dura de aceptar a muchos padres, madres y docentes y los adolescentes son muy conscientes de esta visión tan diferente, que lleva a algunos a tener un móvil y una cuenta en las redes sociales, que sus padres no conocen ni controlan y que usan para el sexting.

La investigación de Funnell ha revelado que los adolescentes homosexuales practican mucho el sexting, y aunque para los chicos heterosexuales tampoco es raro mandar sus fotos a las chicas, en este caso es poco frecuente que se reenvíen víricamente: Funnel lo explica por el miedo a que alguien descubra en el móvil de un chico la foto de otro chico desnudo y lo acuse de gay.

Para la expolicía Susan McLean a los padres les resulta difícil de aceptar que sus hijos/as hagan sexting, porque piensan que eso es sólo cosa de las guarrillas de la clase. McLean identifica varios escenarios en los que las adolescentes producen sexting, un acto mucho menos común que el reenvío, según afirma:

    Sexting en borracheras

  • Casos de presión de un novio/ligue/amigo como el de Zoey.
  • Chicas que se lo mandan a su novio «porque le quiero».
  • Fotos sacadas durante la habitual desinhibición etílica en fiestas-borracheras.

El consultor Tony Richards identifica un escenario más: un grupo de chicas conectado vía webcam con un grupo de chicos, y jugando a alguna versión del viejo juego de beso, verdad o consecuencia [Nota de PantallasAmigas: el juego citado en el original en inglés es spin the bottle].

El impacto socioemocional de la difusión suele ser devastador para las chicas, equivalente a un «suicidio social», según McLean. Aquí también funciona la doble moral sexista: las chicas que hacen sexting son unas guarras, y los chicos, unos sementales. En su opinión la gran disponibilidad de porno en Internet, la cultura de las celebridades, el modelo en boga de mujer sexualmente segura y agresiva y la táctica de que «si tú no me pones la webcam, otra lo hará», contribuyen a normalizar el sexting entre las chicas. La psicóloga a la que acudió la familia de Zoey había atendido en 6 meses a 4 chicas de entre 12 y 15 años por casos diferentes de sexting.

Según los psicólogos adolescentes la presión de los pares entre los adolescentes es hoy día mayor que nunca. Los teléfonos móviles e Internet han hecho que esté presente 24 h al día los 7 días de la semana, y que no dé tregua.

Según el exprofesor Tony Richards, el problema con el sexting es para los chicos que son ahora adolescentes, pues los que están ahora en primaria ya están comenzando a ser educados acerca de estos riesgos y en las consecuencias legales del sexting, p.ej. porque las escuelas «están despertando».

Echando la vista atrás, Zoey se pregunta cómo fue posible pasar en cuestión de pocos meses de ser una alumna modelo de educación primaria, a ser una adolescente que mandaba fotos de sí misma desnuda a los chicos. Ella y su madre desearían que alguien las hubiese prevenido acerca del sexting antes de empezar el instituto y de haber tenido su primer teléfono celular.

Fuente: The Age

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La empresa Apple ha patentado un sistema para evitar el sexting en sus teléfonos, pensando sobre todo en los usuarios menores de edad, donde es un fenómeno habitual y preocupante.

La patente, que ya fue solicitada en 2008, consiste en censurar algunos términos en los mensajes que envía o recibe el usuario. El objetivo de este mecanismo de control es evitar que los más chicos envíen o reciban mensajes con lenguaje parentalmente objetable.

La aplicación permitiría a los padres determinar qué palabras no puede recibir su hijo por el celular para impedir que mande o reciba mensajes que contengan esos términos. Esta aplicación también alertaría a los padres cuando estas palabras prohibidas sean empleadas, a modo de chivato. Podrán elegir entre sustituir el término utilizado por uno más decente o borrar automáticamente el mensaje.

Complementariamente a este tipo de controles sobre el sexting textual, existen aplicaciones que se aplican al sexting gráfico para añadir bandas que oculten fragmentos de las fotos enviadas, dirigidas en este caso a los adultos que conscientemente quieren enviar fotos eróticas de sí mismas a otras personas.

Fuente: Alt1040



El INTECO y Orange han hecho públicos los resultados de un Estudio sobre seguridad y privacidad en el uso de los servicios móviles por los menores españoles realizado mediante 644 encuestas personales en hogares españoles, a los propios menores y a sus padres. Los resultados del estudio se completan con las aportaciones de 55 expertos que han aportado una visión cualitativa y multidisciplinar al proyecto de investigación.

El estudio ha revelado, entre otros datos, que la edad media de inicio en el uso de teléfonos móviles se sitúa entre los 10 y los 12 años.

Así mismo los expertos participantes han agrupado los peligros más importantes en su opinión, que suponen los celulares para los menores de edad, en las siguientes categorías:

Los que más preocupan a los padres son:

  • contenidos inapropiados
  • ciberbullying
  • grooming

Los riesgos que tienen una mayor incidencia entre los menores, según el estudio, son:

  • uso excesivo y adicción (36%)
  • riesgos económicos (29,2%)
  • virus y spam

En los siguientes casos, pese a una menor incidencia, se ha detectado que los padres consideran que son problemas que suceden con menor frecuencia de la que se ha constatado en el estudio:

  • contenido obsceno procedente de adultos: incidencia = 0,6%
  • comunicaciones de adultos desconocidos: 4%
  • ciberbullying: 5,9%

Aunque el 94,4% de los padres asegura hablar del tema de la seguridad en el uso del móvil, sólo el 68,3% considera que su hijo/a está protegido/a al usarlo.

Sexting

El informe define dos tipos de actuaciones de sexting:

Sexting activo
El/la menor se realiza fotos a sí mismo/a en posturas sexys, provocativas o inapropiadas.
Sexting pasivo
El/la menor recibe dichas fotos de personas de su entorno.

el 44,4% de los chavales atribuye una gravedad alta al sexting activo, mientras que un 59,9% de los adultos tienen esa consideración.

El estudio realiza una breve valoración del fenómeno y sus potenciales consecuencias:

En los últimos tiempos se ha empezado a hablar en los medios de comunicación de una práctica conocida como sexting, que es la captación de imágenes (fotografías o vídeos) de carácter erótico o, al menos, atrevido. En estos casos, el menor es el que, conscientemente, realiza (o consiente la realización) de una fotografía o vídeo sexy y la distribuye o publica de manera voluntaria. Parece evidente que el menor no está percibiendo amenaza alguna contra su privacidad, ni es consciente de las implicaciones desde el punto de vista de la seguridad. Puede ser (así lo manifiesta alguno de los expertos participantes en el estudio) que los adolescentes muestran tal avidez de fama y notoriedad que les lleva a situaciones que pueden incluso poner en peligro su intimidad. El problema es mayor porque hay menos percepción de riesgo y los adolescentes tienen muy poca cultura de la privacidad.

La amenaza en este caso es evidente, ya que puede haber vulneraciones a diferentes derechos fundamentales: protección de datos, intimidad, propia imagen, honor, etc.

En cuanto a las conductas de sexting, la que más les ha ocurrido a los niños es la recepción de fotos o vídeos de chicos/as de su entorno en posturas provocativas o inapropiadas (8,1%), frente al 4,0% que reconocen haberse hecho fotografías o vídeos a ellos/as mismos/as en posturas provocativas o inapropiadas (la incidencia directa es algo mayor entre los adolescentes de 15 y 16 años, 6,1%).

Fuente: INTECO

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Según Bill Albert, de la organización estadounidense National Campaign to Prevent Teen and Unplanned Pregnancies, responsable de una de las primeras encuestas que se han realizado en el mundo sobre el sexting, una de las explicaciones de este fenómeno es que los chicos tienen que descubrir por sí mismos qué está bien y qué está mal en un mundo transformado por la tecnología. Por lo visto, nadie se lo ha explicado, añade el columnista californiano John Bogert.

Albert declaró a la BBC que “Estas tecnologías son tan nuevas que la gente aún no ha encontrado su brújula moral. El problema está en que aunque creas que estás mandando una foto sólo a tu novio o novia, puede pasar de privada a tener publicidad mundial en un nanosegundo. Y algo como eso puedes llevarlo pegado como un cibertatuaje de por vida.”

Aunque la mayoría de las veces el sexting es realizado de mutuo acuerdo, el 2% de los que lo practican admiten haberse visto presionados para hacerlo.

Según la Dra. Susan Lipkins, quien también realizó un estudio, el sexting produce satisfacción a sus participantes por la sensación de realizar algo arriesgado de una manera aparentemente poco peligrosa. También pueden pretender imponerse a otros en un grupo, ser gracioso, o servir de reclamo sexual.

Lipkins considera el sexting un síntoma de una nueva revolución sexual en la que los adolescentes buscan relaciones esporádicas (cuantas más mejor, sin buscar estabilidad ni profundidad en ellas), retrasmiten las fotos porque entienden que los que las crean ya cuentan con ello y tienen una percepción diferente de lo que es la propiedad privada de las imaǵenes. Opina que lo que más está preocupando a los adultos es que estos jóvenes ya no acepten su moralidad sexual y que no hay manera efectiva de legislar o perseguir esto. El sexting sería ya parte integrante de la cultura de los nativos digitales.

Opina, no obstante, que los efectos devastadores que puede acarrear esta práctica deberían ser debatidos en los colegios, las iglesias y en casa. Además, aboga por añadir un aviso a los móviles que haga pensarlo al menos 2 veces a los adolescentes antes de enviar una imagen, del tipo “¿Estás seguro/a de querer enviar esta imagen?”.

Fuente: Daily Breeze



et cetera
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